martes, 17 de marzo de 2009


El ojo reventó frente a la luz. Su ojo reventó y el señor K guardó las mucosidades oculares en el bolsillo del pantalón. Cavó llenando el foso con el chorro de sangre que caía del nuevo agujero en su cabeza ¿Por qué estaba ahí intentando ayudarle, hablando y serrándole el cerebro con su voz? Ya le dijo que se fuese a cualquier otro sitio. Pero seguía allí; como un buitre que espera la muerte para comer, ella la esperaba para llorar. Y él le dijo ¿pero es que no puedes dejarme en paz? Ya no queda nada, y tú sigues ahí hasta compadecerte mientras me echas tierra encima. Y la ira le reventó el otro ojo cuando seguía cavando. Erguido, miró a ningún sitio y con su fuerza más bestia giró la pala y acertó. Un sonido seco le dijo que ella estaba ahora en el foso. Hasta muerta molestaba su digna tarea de enterrarse vivo. Sin ojos y desangrado cayó al foso. La muerte no les separó pero al menos la perdió de vista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario