sábado, 31 de enero de 2009
Ayer entramos otra vez en nuestro huracán del Plata como auténticos meteorólogos hasta media madrugada. Esta vez a mí el viento de las primeras impresiones me afectó mucho menos que la primera vez y pude verlo muy de cerca. A medida que el tiempo transcurría era más difícil no pasar de qué decía a cómo lo decía, sus palabras se deslizaban por su boca como truchas entre manos y nosotros veíamos alelados cómo “habitaban el espacio” instalados en un delirio de babas psiconalíticas que nos atascaban el discurso hasta lapsus en los que podíamos llegar a juntar patosamente cuatro o cinco preposiciones que no encontraban su principio. Un punto de inflexión fotográfico rompió este delirio y nos bajó a una pequeña realidad que salvó a nuestro huracán de dos cloracepatos dipotásicos.
miércoles, 28 de enero de 2009
sábado, 24 de enero de 2009
No sería justo pensar que el mundo está lleno de imbéciles, pero también es cierto que se tiende a pensar que lo que uno tiene no es lo más justo; éste es precisamente el proceso de razonamiento de la mayoría de los imbéciles, de ahí que quizá sí sea cierto que en principio la población imbécil sea posiblemente abundante. Quizá habría que distinguir entre ser imbécil y hacer el imbécil; lo primero siempre conlleva lo segundo, si bien lo segundo no necesariamente conlleva lo primero. Ser un cretino alelado no es lo mismo que alelarse para hacerse el cretino. Conozco bastante población imbécil, y cada día me resulta más difícil esforzarme en distinguir si lo es o se lo hace, por eso tiendo a pensar que lo es; a mi edad me resulta más cómodo. Para mí ser imbécil tiene una cierta correspondencia con el concepto “mala suerte”. Existe la mala suerte como tal cuando cuándo hablamos de aspectos que tienen que ver con la física en las personas (una enfermedad, un determinado aspecto físico,….), pero luego está la mala suerte en las relaciones, en la economía, en el trabajo…todo ese tipo de malas suertes (que no la primera) tienen que ver, bajo mi punto de vista, con el grado de imbecilidad de cada cual. Hay personas que se quejan permanentemente de todo y cuyo umbral de satisfacción ocurra lo que ocurra siempre será cero. Este tipo de personas de umbral cero son para mí la máxima representación de la imbecilidad; la incapacidad de decir “bien” o “estupendamente” es directamente proporcional al grado de imbecilidad. No se trata de conformismo sino de responsabilidad. No es lo mismo sentirse razonablemente cómodo en la insatisfacción que estar permanentemente dando el coñazo por la incomodidad de la insatisfacción, estas personas son absolutamente lamentables y provocan en mí sentimientos hitlerianos. Tampoco se trata de ser un optimista forzado (la imbecilidad del optimista forzado es realmente de las más insuperables) sino de una aceptación optimista del pesimismo

Me pregunto si tengo que dejar esta adicción a infectarme con comunicación virtual a causa de la incomunicación verbal que padecemos y suscitamos . Me pregunto si puedo trastornar una realidad en la que no tengo derecho a entrar ofreciendo con tanta claridad la oscuridad de mi lenguaje. Me pregunto muchas cosas pero no me interesa la respuesta de ninguna, ni siquiera si algún día podré besar tus rodillas. Me pregunto por qué me pregunto si sé perfectamente que seguiré preguntándome ya que sólo me interesa la pregunta.
martes, 6 de enero de 2009

Queridos rrhhs
Como sabéis a veces digo cosas interesantes, y la mayoría de esas cosas interesantes suelen ser estupideces. Ello me honra: no es nada fácil hacer de la estupidez una virtud. Así que hoy voy a intentar escribiros algo interesante y debidamente estúpido. Ya no recuerdo la última vez que estuvimos los tres juntos, ni virtual ni físicamente; exceptuando nuestro encuentro, Manuel, en la rotonda de Arteixo, lugar bello donde los haya, verdad? por no tener no tiene ni el encanto industrial del residuo y la cloaca, no tiene ni el encanto de la decadencia; sitio paleto y de parrillada que ni siquiera es lo suficientemente desagradable para generar un rechazo firme: “¿qué opina usted de Arteixo?”, “eee?…es que yo no tengo opinión sobre Arteixo” A mí cada día esto de la opinión se me hace más insoportable; cuando optas por una vida borderline, manteniéndote cinco puntos por encima de pirado y dos por debajo de cuerdo, los momentos en que no tienes nada que decir crecen exponencialmente, “pues…es que…no tengo opinión” y te preocupas porque cada día te preocupa menos no tener opinión y te sientes como más oxigenado con esa falta de opinión, es como si todo pesase menos, y piensas que eso debería preocuparte, sin que te preocupe, claro. En situaciones críticas a veces me levanto a buscar pensamientos; en un vaso de agua, en un sofá, cambiando de habitación….pero es inútil, siempre vuelvo hecho una tautología. De hecho se me están acabando las palabras, ya que mi opinión sobre Arteixo ya se terminó más arriba, y no tengo más opiniones con las que pronunciarme. Tengo muchos hechos que contaros, pero inversamente proporcional a mis fuerzas para pensarlos y escribirlos. Así que llegado este punto sólo quiero saludaros, daros un fuerte abrazo y deciros que no desisto y espero: espero, Vanesa y Manuel, que nos volvamos a ver pronto, espero…vosotros esperáis, nosotros esperamos, ellos esperan…espero muchas cosas…pero no me importa esperar. I wait! You wait!
Como sabéis a veces digo cosas interesantes, y la mayoría de esas cosas interesantes suelen ser estupideces. Ello me honra: no es nada fácil hacer de la estupidez una virtud. Así que hoy voy a intentar escribiros algo interesante y debidamente estúpido. Ya no recuerdo la última vez que estuvimos los tres juntos, ni virtual ni físicamente; exceptuando nuestro encuentro, Manuel, en la rotonda de Arteixo, lugar bello donde los haya, verdad? por no tener no tiene ni el encanto industrial del residuo y la cloaca, no tiene ni el encanto de la decadencia; sitio paleto y de parrillada que ni siquiera es lo suficientemente desagradable para generar un rechazo firme: “¿qué opina usted de Arteixo?”, “eee?…es que yo no tengo opinión sobre Arteixo” A mí cada día esto de la opinión se me hace más insoportable; cuando optas por una vida borderline, manteniéndote cinco puntos por encima de pirado y dos por debajo de cuerdo, los momentos en que no tienes nada que decir crecen exponencialmente, “pues…es que…no tengo opinión” y te preocupas porque cada día te preocupa menos no tener opinión y te sientes como más oxigenado con esa falta de opinión, es como si todo pesase menos, y piensas que eso debería preocuparte, sin que te preocupe, claro. En situaciones críticas a veces me levanto a buscar pensamientos; en un vaso de agua, en un sofá, cambiando de habitación….pero es inútil, siempre vuelvo hecho una tautología. De hecho se me están acabando las palabras, ya que mi opinión sobre Arteixo ya se terminó más arriba, y no tengo más opiniones con las que pronunciarme. Tengo muchos hechos que contaros, pero inversamente proporcional a mis fuerzas para pensarlos y escribirlos. Así que llegado este punto sólo quiero saludaros, daros un fuerte abrazo y deciros que no desisto y espero: espero, Vanesa y Manuel, que nos volvamos a ver pronto, espero…vosotros esperáis, nosotros esperamos, ellos esperan…espero muchas cosas…pero no me importa esperar. I wait! You wait!
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